Reflexión del autor, Manuel Septien

El grupo de participantes en 12Nubes ha planteado una propuesta original al proponer como tema de esta nube la necesidad de reflexionar sobre la influencia de las situaciones familiares en el rendimiento escolar y las propias vivencias de las alumnas y los alumnos.

Si consideramos al alumnado y al profesorado los dos pilares básicos del proceso de enseñanza aprendizaje, no podemos olvidar que las familias constituyen el otro vértice fundamental en los procesos educativos.

En todos los centros escolares la presencia de los padres y madres de los alumnos y las alumnas se hace efectiva mediante asociaciones y la participación en la gestión de los Centros se desarrolla mediante la presencia en los distintos órganos en los que tienen representación y, de un modo individualizado, a través de las sesiones y las entrevistas de tutoría.

Sin embargo, la comunicación con las familias a veces falla por el desinterés o la imposibilidad de éstas en tener relaciones fluidas con el profesorado encargado de la enseñanza de sus hijas e hijos. Por otra parte, es un hecho evidente que la comunicación suele aumentar en la medida en que surgen problemas de notas o de conducta. A pesar de todo, se producen deficiencias en la comunicación que puede tener efectos negativos y alejar la solución de los posibles problemas. E incluso, aunque esta relación se produzca, a veces en los casos más graves, se nos oculta el tipo de relaciones, sobre todo las más problemáticas, que se dan en el interior de algunos núcleos familiares.

En ocasiones el descubrimiento de una situación conflictiva se descubre por un cambio brusco en la conducta o en el rendimiento del alumno o de la alumna que de alguna manera están reclamando atención, tal vez sin darse cuenta de ello. Ya hemos dicho en otras nubes cómo los orientadores, los psicólogos/as (si los hay) y a veces los tutores y las tutoras somos informados/as por el/la propio/a alumno/a sobre lo que está ocurriendo en su entorno familiar. En otros casos es una intuición la que nos lleva a encontrarnos con situaciones familiares conflictivas ante las cuales nuestra capacidad de acción es muy reducida.

Por otra parte, se está produciendo cada vez con más frecuencia, tal como se cuenta en la novela “Nubes de tiza”, la existencia de situaciones familiares más complejas: … las familias ya no eran lo que habían sido. El núcleo familiar tradicional había desaparecido para siempre. Ahora hablábamos de familias desestructuradas, monoparentales, divorciadas, separadas por la ley o por océanos con lo cual la interlocución con las familias se hace más complicada. Llamábamos preguntando por el padre o la madre de algún alumno problemático y nos costaba contactar. Estaban en el afán de sobrevivir, trabajando, buscándose la vida, y no podían hacerse cargo de sus hijos.

En los centros se ha comprobado que hay una necesidad de actualizar los protocolos de actuación con las nuevas situaciones familiares, de cara a los padres y madres, sobre todo en el caso de parejas separadas o divorciadas. Sin embargo, de cara a los/as hijos/as se hace muy difícil saber de qué manera se puede ayudar por parte del profesorado ante la difícil situación que como hijas/os les puede tocar soportar a nuestro alumnado en el seno del núcleo familiar. No hay ningún protocolo que valga cuando un niño o una adolescente se encuentra en el centro ( a veces convertido/a en una especie de moneda de cambio afectiva) de un grave conflicto familiar, ni tampoco los manuales de actuación educativa tienen orientaciones que nos ayuden a ayudar al desvalido/a niño/a o adolescente que se encuentra en una comprometida situación.

Los centros de enseñanza por su propia naturaleza son uno de los principales referentes del alumnado y cuando las situaciones son más complicadas se hace todavía más evidente esta demanda para intentar resolver sus problemas, aunque su raíz esté en el seno de las familias.

Con la crisis económica esta necesidad se ha hecho más evidente pues, como decimos, si la familia falla, el centro educativo puede que sea él único lugar donde el alumno o la alumna, envueltos en una situación familiar comprometida, intenten buscar una salida a su situación o, al menos, encontrar una cierta estabilidad afectiva entre sus profesores/as y compañeras/os. Pero esto no siempre es fácil.

La labor del profesorado en estos casos es muy compleja y se hace complicado establecer una línea de actuación definida. En los últimos tiempos, de acuerdo con lo expuesto hasta ahora, se ha visto por parte de la comunidad educativa la necesidad de tener más contactos con los Servicios Sociales o, incluso, contar con Trabajadores/as sociales de apoyo, pero es una demanda más entre otras muchas.

Los/as educadores/as dependientes de los Servicios Sociales y las/os trabajadoras/es sociales de las instituciones, en la medida en que son demandados, contribuyen a cubrir estas necesidades externas, pero a nivel de Centros, todo queda en el saber hacer y la buena voluntad del personal de los centros educativos.

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