Reflexión de las jóvenes

Cuando se sanciona a un alumno generalmente no se hace con la intención de provocar que te expulsen. Los malos comportamientos son para hacerte “el chulito”, por no quedar a menos con los demás. Cuanto estás fuera te das cuenta de que los demás que se han reído contigo se quedan aprovechando el tiempo en la clase y tú eres la única que has perdido. Pero vuelves a entrar y vuelves a repetir lo mismo, entras en una rutina de expulsiones y sanciones de la que es difícil salir.

A veces los profesores te amenazan con expulsarte, te hacen chantaje y cogen manía a algunos alumnos. Cualquier cosa que haces es motivo de expulsión e incluso provoca la expulsión del alumno.

También hay profesores y profesoras que aguantan demasiado, cuando te paras a pensar las cosas que hacemos o cómo contestamos, tienen mucho que aguantarnos. Generalmente lo hacemos con los profesores o profesoras que sabemos que podemos hacerlo, los que más aguantan. Si nuestras familias supieran cómo nos portamos en clase se sentirían avergonzados de nosotras, no nos lo permitirían.

Si nos lo pensaríamos dos veces no haríamos lo que hacemos, contestamos fatal a los profesores.

“Me avergüenza mi comportamiento en clase, me doy cuenta cuando veo como otros y otras hacen lo mismo que yo”

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