Reflexión del Autor, Manuel Septien.

Una de las principales fuentes de conflictos en los centros escolares son las relacionadas con lo que, genéricamente, se etiquetan como faltas de convivencia.

Las dinámicas de los grupos, dentro y fuera del aula, determinan comportamientos que pueden resultar problemáticos y, en muchos casos, los más graves, pueden escapar al conocimiento de las personas educadoras y responsables de las alumnas y alumnos implicados.

En los últimos tiempos, la resonancia de algunos casos y su aparición regular en los medios de comunicación ha provocado reacciones de las autoridades de educación para que en los centros se dispongan de protocolos de actuación que ayuden a conocer y a resolver estos problemas.

Por otra parte, estas situaciones conflictivas, que han venido existiendo en el mundo educativo desde siempre, han tomado últimamente una dimensión nueva por la diversidad del alumnado de diferentes orígenes que convive en determinados centros y por la aparición de nuevas herramientas de comunicación, las llamadas redes sociales.

En un caso, la llegada de alumnos de distintos países y culturas, se ha empezado a considerar desde nuevos planteamientos pedagógicos que tienen en cuenta las nuevas realidades, y que pretenden abordar los currículos de un modo transversal desde un nuevo punto de vista intercultural.

En el caso de las redes sociales, las nuevas herramientas de comunicación, continuamente renovadas y con una complejidad creciente, han puesto en manos de todo el mundo, y especialmente de las y los adolescentes, nuevos modos de acceso al conocimiento y a la comunicación, que tienen importantes implicaciones en las relaciones sociales con la aparición de nuevos códigos de conducta que, en determinados casos, pueden derivar en situaciones conflictivas o, incluso, delictivas. (este tema se abordará en profundidad en la nube5)

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