Categoría: Nube 6

Amores y desamores (lo que no se enseña en las aulas y se aprende en los patios)

Material de apoyo

En amor arte Cuarzo Posse

Referencia

Amores y desamores

Amores y desamores

A Andrey le gustaba Elsa. Como salía con Daniel no se le había pasado por la cabeza que podía salir con ella. Era como si alrededor de Elsa hubiera una red invisible que la hiciera inalcanzable para él. A veces, estudiando juntos, se había sentido excitado, cuando sin querer ella le había rozado o, inconscientemente, se había apoyado en él mientras le explicaba algo. Entonces él alargaba la explicación y el placer de tener a Elsa a su lado le hacía considerar los problemas de química y las ecuaciones de tercer grado como algo apasionante.

Reflexión de las jóvenes

Los mayores piensan que nuestro amor no es tan profundo como el suyo, y creemos que no es así. En esta época, adolescencia, es en la que más se sufre por amor porque es en la que más se siente, con mayor fuerza.

Nuestros padres nos tienen que dejar cometer nuestros propios errores, sino nos agobian y nos condicionan.

Los sentimientos se viven diferente entre los chicos y las chicas, los chicos están por el interés y las chicas buscan una relación más duradera y romántica.

El amor depende de factores culturales, religiosos, de carácter y nos afecta principalmente a las mujeres. Se nos juzga y controlan todas nuestras relaciones.

Reflexión del autor, Manuel Septien

Esta nube propuesta por las alumnas y los alumnos también resulta original respecto a los temas que normalmente se tratan en las sesiones de tutorías. Y es suficientemente expresivo el añadido de que la afectividad y la formación de relaciones “no se enseña en la aulas y se aprende en los patios” o en la calle, o en las discotecas o en las lonjas, añadimos nosotros. Hay que indicar que el alumnado en este tema no se refería a la necesidad de información sexual (que también, ver Nube9) sino de los dilemas que se les plantean desde el punto de vista de la afectividad y las relaciones interpersonales con los amigos y amigas.
La “educación sentimental” sería una asignatura pendiente sino fuera porque no tiene un contenido conceptual equiparable a otras asignaturas del currículo, pero en muchas ocasiones alumnos y alumnas envueltos en estas situaciones que tienen que ver con las relaciones afectivas muestran una vulnerabilidad y necesidad de consejo y orientación que no encuentran con la misma facilidad que los consejos contra el alcohol o la droga. Nada previene contra un desengaño amoroso que puede parecer el fin del mundo. Y que en algunos casos, desgraciados, lo es.
En la propuesta de estas chicas y chicos hay una demanda real de guía o de ayuda para saber desenvolverse en ese mundo de las relaciones amorosas, sobre todo en las relaciones primerizas.

Reflexión de la experta, Emaize

Amores y desamores: nuevos sentimientos, nuevas emociones, nuevas experiencias desconocidas durante la infancia aparecen ahora sorprendiéndonos. Convertidas y convertidos en jóvenes, sentimos que el corazón se nos acelera cuando quien nos gusta nos mira, que nos excitamos cuando viene a nuestra mente, que el tiempo es interminable cuando no la/le vemos, que se nos salta el corazón cuando clica “me gusta” en nuestro perfil, que pasaríamos el día entero a su lado. A veces no sabemos ni ponerle nombre a todo esto.
¿Y qué hacemos cuando esto nos sucede? Quizás tengamos la suerte de tener ese amigo o esa amiga cercana que sabe qué nos pasa con tan sólo mirarnos y que nos echa un cable en plan “Celestina”. También hay quien intenta aconsejar desde sus escasas vivencias. Sin embargo, esos consejos muchas veces están apoyados –a falta de experiencias- en un ideal del amor que nada o muy poco tiene que ver con la realidad. Sólo hay que ver alguna película de moda, de éxito impresionante como “Crepúsculo” o las españolas “Tres metros sobre el cielo” y “Tengo ganas de ti”.

El argumento de este tipo de películas para público juvenil gira en torno a la relación romántica de pareja. Ella, cuidadora, buena chica. Gracias a su amor conseguirá “salvarle” a él, aunque sea a costa de su vida. El, malote, líder entre los machos o sensible vampiro, la protegerá de los peligros que le acechan. Versión moderna de Caperucita, el lobo y el cazador, con una pizca de “La bella durmiente”. Todo un clásico que no hace más que repetirse. Así, vemos que los personajes protagonistas son estereotipos inamovibles de masculinidad y feminidad, “ideales” sólo porque no pueden existir en la realidad.